Espárragos de primavera. |
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Son frágiles, un poco caros al principio, caprichosos y delicados. Hay de tres tipos, los blancos, los verdes finitos y los violáceos. Para descubrir esta virtud, se debe observar su punta, el alma absoluta del espárrago. La yema debe ser compacta, con sus escamas bien apretadas y los tallos inmaculados. Ante todo, deben rasparse y sacar la celulosa de los tallos. Lo más simple, el pelapapas de toda la vida. Luego se los debe unir en un atado, y cortar la parte de abajo de los tallos para que todos queden parejos. Mientras tanto, habrá hecho hervir agua con sal gruesa en una cacerola, lo bastante alta y angosta (ideal un jarro) como para que los espárragos queden parados. Cuando el agua hierva, sumérjalos, pero de modo tal que el agua no llegue a las yemas, de este modo éstas se cocinarán al vapor. Otros modos de cocinar los espárragos: a la parrilla, pintados con oliva. O un manojo de espárragos, no más de una docena, con aceite de oliva, sal y pimienta, bien envueltos en papel de aluminio y al horno. Recuerde que los espárragos deben comerse fríos o tibios, jamás ardientes. |
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16-05 • Especias: Arcoiris de pimienta |
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