Más que un perejil. |
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Es la ramita aromática más común de todo el recetario occidental. Muchos no lo considerán “gourmet” por ser muy común. Pero que sea tan común no invalida su sabor y presencia a la hora de saborizar un plato. De esto saben mucho los vascos. Los vascos adoran el perejil. Pican un mogollón de hojitas frescas, las echan a los jugos de lo que estén cocinando y hacen su paradigmática salsa verde. Tan ubicua como el mismo perejil. La usan con la merluza, el bacalao, las almejas y hasta con papas. Solo, y usado como metáfora, sirve para hacer comparaciones supergráficas. Ejemplos: "más visto que el perejil", "más tirado que el perejil" o "más apretado que perejil en maceta". Dato que redime a los vascos maniáticos: son los únicos, con los provenzales, que hicieron de este lugar común una fuente de inspiración reivindicadora. Fuera de esos dos ejemplos de la cocina clásica y tradicional, al perejil suelen tocarle roles de comodín: en ramilletes de hierbas para caldos y guisos, entreverado con otras hierbas para atemperar sus aromas, en los casi infinitos picadillos de carne que la cocina ejercita, para dar color, para adornar. Para todo y más. Hay que admitir que el perejil tiene un don particular. Puede estar en todas partes y en cualquier cantidad. Nunca molesta. En dosis corta realza una omelette, una sopa de arroz, una ensalada de papas y huevo, unas lentejas, un pescado hervido, un queso crema o una manteca para untar; en dosis generosas, reinventa: caso de la mayonesa de perejil, la salsa verde y la provenzalidad, la obviedad de los fideos con manteca, los alimonados sesos a la libanesa (donde remplaza a la menta fresca), los alcauciles a la cacerola rellenos de perejil, ajo y pan rallado, la ensalada de lechuga cortada en tiritas con abundante perejil tijereteado. Es tan buenazo el perejil que da hasta para protagonizar propuestas concretas y deliciosas: el flan de perejil, los zapallitos en soufflé de perejil, la tarta de crema y perejil, los buñuelos de perejil. Y además, es sanísimo: nada tiene más vitamina A en todo el reino vegetal, y muy pocos tanto hierro. Diurético, digestivo y disimulador eficaz de tufos, según dicen: unas hojitas masticadas después de banquete de ajos y los vahos desaparecen como por encanto. Más veraz es decir perejiles que perejil, porque no hay uno sino unos cuantos modelos de cultivo. Al margen del originario, que es salvaje y se empeña en crecer entre terrones rocosos. De ahí su nombre botánico, que deriva de la palabra petra, piedra. El crespo sobresale por ese aire naif de arbolito bonsai: es de un verde claro y brillante, lindo, sí, pero más flaco de aroma y sabor. Por eso a la hora de cocinar con gusto a perejil, use el otro, el resultado será mejor. |
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