De fruta insana a comida afrodisÃaca, historia de la berenjena
El largo viaje de la berenjena
Hasta el siglo VII, sin embargo, no se las conocÃa en el continente europeo, a donde los árabes las llevaron cuando conquistaron la penÃnsula Ibérica. Los árabes, sin embargo, habÃan descubierto la berenjena en otro lugar: probablemente en Persia, a donde habÃan llegado, se supone, del norte de la India. Pero hay quienes dicen que en China se cultivaba desde antes de Cristo.
Una fruta no saludable
Al comienzo de su historia en Occidente, la berenjena no disfrutaba de una excelente fama: los árabes la llamaban Badinjian, algo que se asemeja a "huevo del diablo". En España, algunos creÃan que causaba enfermedades como la histeria, la epilepsia, la tuberculosis y el cáncer. Otros argumentaban que empeorava el humor del hombre e incluso que hacÃa más oscura la piel del rostro. El agrónomo Gabriel Alonso de Herrera en 1513, llegó a decir que "los árabes la llevaron a Europa para matar con ellas a los cristianos", mientras que en Italia se acuña el nombre melanzana, que significa manzana insana o no saludable. Durante la Edad Media se cultivó en el sur de Europa, pero los árabes y los judÃos convertidos, fueron los primeros en especializarse en platos a base de berenjenas.
Los nombres de la berenjena
La berenjena tiene la particularidad de ser llamada por un nombre diferente en los diferentes idiomas europeos. La versión más cercana al árabe original es la francesa aubergine, que es muy similar a la albergÃnia catalana. En occitano estaba casi prohibida ya que literalmente significaba "pene de burro"; en una época se creÃa que su consumo tenia efectos afrodisÃacos. En inglés se utiliza se la llama, eggplant (planta huevo); por último, el nombre turco de esta fruta, Patlican, está probablemente relacionado con un verbo que significa "explotar" y de este término derivan las distintas formas de llamar a la berenjena en muchos idiomas de los Balcanes y de Europa Oriental.
Propiedades benéficas
No tiene efectos colaterlaes, y son reconocidas por sus propiedades depurativas, su alto contenido de agua y fibras y su bajo Ãndice glucémico. El ácido clorogénico y la nasunina que contienen también actúan contra los radicales libres, combatiendo el envejecimiento y las enfermedades cardiovasculares. Ningún problema entonces en llevarlas a la mesa, ya sea fritas, rellenas, con pasta o ensaladas. Menos para la protagonista de un libro famoso, que acepta casarse con su amado solo con la condición de nunca tener que comer berenjenas.
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