Como mostró en un video, todo lo que hay que hacer es colocar la lechuga en un frasco de vidrio lleno de agua y sellar bien la tapa. Nada lujoso, pero parece funcionar bastante bien. Un método que, explica la bloguera en una entrevista con Buzzfeed, aprendió de su marido, quien a su vez lo había aprendido años antes mientras trabajaba en un restaurante. "Me enseñó -dice- a sumergir zanahorias o apio en un recipiente lleno de agua, tapado y en el frigorífico para que se mantengan frescos por más tiempo. Recientemente decidí que debería probarlo con lechuga y funcionó perfectamente".
Además, en su blog, Lama Bazzi aclara con detalle las dudas, más que legítimas, que trae consigo la operación. En primer lugar, la posibilidad de que se formen bacterias en la superficie de la lechuga, a lo que responde que el miedo no es tanto este, sino que las que ya están presentes sobrevivan (y por ello recomienda un lavado cuidadoso en vinagre). Para ir sobre seguro, es mejor lavar cuidadosamente la luchuga primero.
Sin embargo, sobre la duración real del truco informa, no hay garantía. "Depende de la edad de la lechuga, escribe, lo que significa cuánto tiempo estuvo en el supermercado antes de comprarla. También depende de si tiene bacterias como el botulismo o E. Coli u otras. Hay muchas cosas a tener en cuenta. En definitiva, son muchos los factores que entran en juego. Para ir a lo seguro, remojar y lavar bien la lechuga, cambiar el agua cada 1-3 días y asegurarse de que no tenga moho antes de usarla".
Y, para demostrar que el método funciona, un mes después publicó un nuevo video de seguimiento, en el que saca la ensalada colocada 30 días antes. ¿Los resultados? Excelente. Ver para creer.
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